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Me llaman jefa y me gusta

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Me llaman jefa y me gusta

Elisa Fariñas es la única mujer en la Policía que ha llegado a comisaria desde la escala básica.

Es la comisaria del distrito de San Blas desde hace casi un año. “Buenas tardes, jefa”, la saluda un agente al cruzarse con ella por un pasillo al que no le vendría mal una mano de pintura. María Elisa Fariñas admite que le gusta que la llamen jefa con la misma naturalidad con la que asiente al comentario sobre el pasillo. El uniforme parece parte de ella. Lleva vistiéndolo desde marzo de 1985 cuando juró el cargo como policía nacional. Una fotografía sobre la mesa de su sobrio despacho atestigua la importancia de ese momento en que su padre, también policía, la acompaña. “Me vio llegar hasta inspectora jefa, pero él no tenía ninguna duda de que sería comisaria. Yo también lo veía posible”, dice sin pretensión.

Está acostumbrada a ser la primera, pero lo que la distingue del resto es que es la única mujer en España que ha pasado por todas las escalas del Cuerpo desde que ingresó en 1984 como policía básica hasta que juró como comisaria hace dos años, treinta y dos años después. Y es tan rara avis que solo han seguido esta trayectoria dos hombres. “Como he pasado por todas las escalas, creo que puedo entender bien si un subordinado me cuenta un problema o una necesidad”.

Elisa, como le gusta que la llamen, pertenece a la primera promoción de la Policía Nacional en la que entraron rostros femeninos, cuando el Cuerpo era aún militar. Había otras mujeres ya, pero en la Escala Superior, como inspectoras, desde cinco años antes. “Entramos en la Academia especial de Policía Nacional. Éramos 53 mujeres en los 500 de la promoción. Nuestros mandos eran militares y el régimen, lo mismo. Terminé COU y Selectividad. Fingí que me iba a la Universidad a echar la matrícula pero me enteré de que ya había mujeres inspectoras y quise intentarlo”. Fariña se presentó a las dos oposiciones y aprobó la de policía.

“Soy muy afortunada. Es mi vocación y pese a los disgustos que me llevo de vez en cuando para mí no hay un oficio mejor”, insiste. Y eso que su debut fue no apto para cualquiera. Nada más jurar a la veinteañera con experiencia cero la destinaron a hacer seguridad y calabozos en el edificio de la Puerta del Sol donde todavía en la incipiente democracia podía acabar gente de todo pelaje. En los siguientes años pasó por la inspección de guardia, la oficina de denuncias del distrito de Salamanca, estuvo en un grupo de vigilancias de la Comisaría General de Información y ya como oficial en un radiopatrulla en Vitoria, todavía en época de plomo y tiro en la nuca. “Cuando llegué a la oficina de denuncias le dije al que estaba conmigo: “Yo no sé hacer unas diligencias”; por supuesto, me enseñó”.

Regresó a Madrid y su destino fue la seguridad del Congreso de los Diputados, con poquísimos uniformes femeninos aún en el Cuerpo. Como subinspectora acabó en Fuerteventura entre 1995 y 1997 y allí que se trasladó con su niña, casi bebé, que también la acompañó durante el curso de ascenso a inspectora en la Escuela de Ávila. En estas idas y venidas, a Elisa se le iluminan los ojos al hablar de Torrejón de Ardoz, donde estuvo siete años como segunda de Policía Judicial. “Me han cuidado a mis hijos, eran como mi familia”, recuerda. No todo han sido mieles. Sin desvelar el lugar recuerda aún con rabia cómo la despreciaron y le hicieron el vacío en uno de sus destinos. “No me enseñaban el trabajo, no me llamaban a las reuniones. No me querían ahí. No sé si por ser mujer. Hubo unos que lo hicieron y otros que lo permitieron. Por suerte duró muy poco”.

Pasó también como jefa de servicio por Extranjería, en la expulsión de extranjeros que estaban en prisión y ya su primer lugar como comisaria es otro de los que hace que le reluzcan los ojos: jefa de la comisaría de Mérida a la que la mandaron tras jurar. “He sido muy feliz allí”, admite. “Con mis hijos ya mayores, tienen 20 y 24 años porque eso ha sido lo único malo de todos estos años: perderme ciertos momentos de ellos; me los han tenido que cuidar. He dedicado mucho tiempo a trabajar y estudiar y la vida familiar se resiente, es lógico”.

Elisa tiene claro que todo exige precios y sonríe al señalar que ha merecido la pena y la merece. “Ascender y pasar por todos los puestos te va motivando. Piensas: ahora yo puedo cambiar lo que no me gustaba o lo que no funcionaba”. La comisaria Fariñas contagia entusiasmo. Aparte del carmín rojo en los labios y el trazo negro en la línea de su pestañas no se aprecia ninguna diferencia exterior con sus antecesores. “No dejaría jamás que me trataran de forma diferente. Soy igual de dura o blanda que mis compañeros”. Palabra de comisaria.

 

Cruz Morcillo

4 Comentarios
  • Pedro J. Hdez Cereceda
    Publicado 13:06h, 01 noviembre

    Enhorabuena Eli. Sè de tus sacrificios y fuerza de voluntad y enhorabuena por tus hijos.

  • Jesus horno
    Publicado 13:33h, 01 noviembre

    Orgulloso de pertenecer a su promoción de escala básica, genial artículo, felicidades

  • Luis M Pajares
    Publicado 15:53h, 01 noviembre

    Elisa, eres lo mejor que he conocido en nuestro querido cuerpo, la mejor , con diferencia,, de todos y tasas las compañeras con las que he trabajado. Me siento muy orgulloso de haber sido tu compañero. Como persona un 10. Sigue así.
    Bsssss

  • Rafael Santero
    Publicado 10:27h, 23 noviembre

    Un ejemplo a seguir.
    Enhorabuena

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