La guerra que ganaron la Policía y la Guardia Civil

La guerra que ganaron la Policía y la Guardia Civil

En una escena de la primera temporada de la sensacional serie The Wire, tres policías dedicados a la lucha contra el narcotráfico —Kima, Carver y Herc—hablan sobre los sinsabores de su trabajo, las dificultades para cazar a los grandes traficantes y su incapacidad para frenar la demanda de drogas en Baltimore, la ciudad en la que se desarrolla la magistral creación de David Simon:

—En la guerra contra la droga…

—No llames a esta mierda guerra.

—¿Por qué no?

—Porque las guerras acaban.

Ni en Baltimore ni en Madrid ni en el campo de Gibraltar ha terminado la guerra contra las drogas, probablemente porque, como dicen los personajes de The Wire, no se trate de una guerra, sino de otra cosa que yo no me atrevo a definir. La guerra que sí ha terminado en España es la que el Estado mantuvo durante más de cuatro décadas contra la banda terrorista ETA. Y esa guerra ha acabado porque el Estado ha ganado —ha aplastado— a ETA. Por mucho que se quiera retorcer el lenguaje o blanquear la historia, esa es la verdad, una verdad cimentada con la sangre de casi mil víctimas, más de la mitad de ellas pertenecientes a las fuerzas de seguridad.

Desde que ETA teatralizase su rendición disfrazada de graciosa concesión, hemos leído y oído versiones que tratan de cambiar la realidad vivida en España. El lenguaje es tramposo y se llama conflicto a lo que en realidad era algo mucho más sencillo: unos mataban, otros morían y algunos callaban o señalaban a quién matar. Se trata de equiparar a las «víctimas de ambos bandos», cuando la inmensa mayoría de las víctimas pertenecían a un solo bando, sin que esto signifique silenciar o edulcorar los abusos cometidos por el Estado y los atajos que desembocaron en la guerra sucia.

Recientemente se han cumplido veinte años del asesinato de Miguel Ángel Blanco. Una encuesta hecha entre estudiantes de primer año en las universidades del País Vasco revelaba hace poco que la mayoría de ellos no sabía muy bien quién era el concejal de Ermua asesinado por Txapote. Todo un éxito de los que se han encargado de blanquear la historia, quienes en los últimos tiempos se revuelven incómodos ante el arrollador éxito de Patria, la novela de Fernando Aramburu que refleja a la perfección lo vivido en el País Vasco durante los años de tiranía de ETA.

Confío en que Patria —cuya lectura debería ser obligatoria en los colegios e institutos— sea el primer paso para ganar la batalla del relato, de lo realmente ocurrido. Y confío en que, dentro de unos años, cuando se hable de la derrota de ETA, se reconozca el papel fundamental que en ella jugaron la Policía y la Guardia Civil. Doscientos treinta guardias civiles y ciento ochenta policías murieron asesinados por la banda; pero, al margen de la sangre puesta sobre la mesa, fue el trabajo de unos y otros lo que terminó aplastando a ETA. A lo largo de estos treinta años de profesión, he conocido a muchos policías y guardias que se dejaron parte de sus vidas y de la de sus familias luchando contra ETA: los destinados en el País Vasco durante los años de plomo, cuando nadie podía enterarse de su verdadera ocupación; los que han trabajado desarmados en zona caliente, en el sur de Francia, descubriendo las madrigueras de los jefes etarras; los que lucharon para convencer a jueces y fiscales con sus análisis de que ETA, Herri Batasuna, Egin, los colectivos de ayuda a presos y hasta las herriko tabernas eran la misma cosa; los que liberaron a Ortega Lara de su inhumano cautiverio; los que acabaron con el sangriento comando Madrid irrumpiendo en un piso de Ventas… Todos ellos son, junto a una parte de la judicatura —que se atrevió a ilegalizar todos los tentáculos de ETA—, los verdaderos artífices de la derrota del terrorismo etarra.

Para los políticos, siempre es tentador atribuirse esos méritos: hablar de la unión de los partidos, del consenso… Pero como me dijo recientemente alguien que pasó más de veinte años dedicado a perseguir a terroristas de ETA, todo se resumía en algo muy sencillo: «Nos estaban matando; se trataba de ellos o de nosotros».

Ojalá la historia ponga en su sitio a unos y a otros y ojalá mis hijos y los hijos de mis hijos lean que la guerra contra ETA se acabó porque la Policía y la Guardia Civil la ganaron.

 

Manu Marlasca

1Comment
  • Luis aiglesias
    Publicado 13:45h, 29 septiembre

    Chapeau!

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